martes, febrero 10, 2004

hay un retraso visual entre el momento que tu mano se apoya en mi espalda y que te veo encima de mi. No significa que te sienta, si no que me sorprende verte sobre mi cuando tu cuerpo no toca mi piel aunque la abarque.
Creo que lo que pasa es que el cansancio me ha embebido tanto que el tacto se remite al cosquilleo de las manos cuando intento acariciarte. No sé si tu piel es áspera y fuerte, o suave, tal vez tenga granos, pero no puedo saberlo tocandote. No te deseo. Pero es mas el ansia por sentirme sensiblemente viva que las ganas de evitarte.
Has enredado tus manos en mi cabello para tener mejor control sobre mi cuerpo. La muerte se extiende desde mi naríz hasta la suela del zapato... Y así, sin vista, sin tacto, solo escuchando como tu respiración se hace mas fuerte, puedo estar en cualquier cama, en cualquier lugar, y me siento casi feliz de en realidad no estar en absoluto.
Los cuerpos de la gente tienden a ser tibios, pero no el tuyo, no ahora que se extiende apresionando mi cuerpo, apretandolo y haciendote con él un orgasmo, con el que mañana te vestirás de felicidad. Tu cuerpo no es frío tampoco. Yo en cambio soy solo un hormigueo, un hueco de cabellos que se enredan en el viento, imposibilitado de obtener control sobre su propia existencia, pero no por las circunstancias, sino por deficiencias inherentes a su estructura interna. Defectos de Fabricación.
No es mi piel la que no sirve.
Soy yo

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