- Mejor ya no fumes mas. - Le dice él tranquilo sin mirarla. Es una madrugada lluviosa. El sol debería de estar haciendo su aparición en este momento pero el cielo cerrado solo le regala un resplandor blanco a la tierra. Ella se detiene en medio de llevar el cigarrillo a sus labios y lo mira con la mirada caprichosa de niña que regañan por estirarse a tomar otra galleta. - Dame. - Ella deja que él tome el cigarro y lo encienda. La lluvia salpica sus piernas al caer sobre la banqueta, la sangre, que aún corre profusa por debajo de la bata de baño, se deslava con el agua.
- Tengo miedo - Confiesa ella mirando como se forman los arroyuelos de sangre y se pierden en la calle.
- ¿Tienes frío? - Ella niega con la cabeza. - No te preocupes, ya oígo que viene la ambulancia. - Ella inclina la cabeza pero sigue sin escuchar mas que el golpeteo de el agua y algun carro pasar por alguna de las calles grandes que hay cerca. - Irina, abre los ojos.
- ¿Eh? - Dice ella cada vez mas mareada. No quiere, pero el cuerpo la abandona cada vez un poco mas.
El camino al hospital es un manchón de muchos colores y muchas voces. Que al final se desvanecen en un segundo. El siguiente segundo el cuerpo le duele y apenas puede moverse. El blanco del cuarto le hiere los ojos, y en un principio no se da cuenta donde está. En la puerta él aun viste el traje gris de rayas finas de anoche, tiene la camisa azul arrugada y la corbata cayendo ridículamente entre las solapas del saco.
- Si, me pareció que estabas despertando. - Dice, acercándose para acariciarle la cabeza, le besa la frente de una manera casi marital.
- ¿Que hora es? - La luz de hospital resultaba engañosa, y su memoria, mas. Para ella no habían pasado mas de 3 minutos.
- Las 7 de la tarde.
- Voy a estar bien, ¿verdad? - Él asiente con la cabeza. - ¿no has ido a tu casa?
- No, no. No iba a irme y dejarte así... no.
- Y... ¿Cuando me dejan salir? - Él se mira las uñas y luego la ventana, evita mirarla.
- Quizá por la mañana, quieren asegurarse que no haya mas hemorragias....
- ¿Que paso?
- Creo que es mejor que hables con el doctor primero....
Irina mira como en una pesadilla su departamento. Un lugar que siempre le pareció ridículamente pequeño, ahora se siente infinito, le queda grande ahora. Los medicos dijeron que al llegar al hospital su útero estaba prácticamente desprendido: las personas que habían iniciado la operación, sabían lo que estaban haciendo, y no habían podido salvarlo: Irina no podría embarazarse... lo positivo de ello, es que ahora no tendría por que preocuparse por menstruar ya.
- Pasa, Sam. - Él la sigue dentro de la casa. Ya se cambió de ropa, algo menos formal, pero que en él se ve igual de severo, igual de "empresarial". - Gracias por traerme.
- ¿Llegaste a hablar con esos tipos? - ella niega con la cabeza mientras mira con melancolía como él sirve un vaso de vino y se lo ofrece.
- no creo que deba...
- No pasa nada, toma, quiero hablarte de algo. Y... - Continúa él sirviendo otro vaso y encendiendo un cigarro. - dime, ¿pudiste oir algo de lo que decían?
- No creo. Pero había otras dos mujeres que estaban operando enseguida de mi... ¿que pasó con ellas?
- No sé cuando yo llegué te traían en los brazos, ¿recuerdas?
- Muy poco. Luego que me pusieron la anestesia todo parecía un sueño: las luces eran mas brillantes, y luego fue oscuridad... después tu conmigo esperando la ambulancia en un porche.
- Mh.... - Sam bebe de su vino con calma jugando con la manga de su camisa rosada. Luego de cierto tiempo ella termina su vaso de vino. - ¿Como te sientes?
- Dentro de todo: bien.
- ¿Relajada? - Ella asiente, algo en la voz de Sam cambia. La cara de Sam cambia. Sus ojos, también. En una primera ojeada Irina no puede identificar qué. - Bien. Dejame te hago una pregunta, ¿si?
- Bueno, hazla. - Ella sonríe brevemente, pero algo en el nuevo rostro de Sam la asusta y calla. Vierte mas vino en su vaso. Un escalofrío de miedo la recorre desde la base de la cabeza hasta el coixis.
- ¿Crees en dios? - Ella se relaja, pero el escalofrío sigue ahí, como si no la recorriera, solo en su espalda.
- Si, bueno...
- ¿Si?
- Creo, pero no como todas las personas. Solo como algo, que está ahi, pero en realidad no interfiere tanto con nosotros, tiene mejores cosas que hacer.
- Ya veo... ¿Crees en el diablo?
- ¿Qué?, no. No sé. Digo no creo que Dios sea como cien porciento bueno, mas bien como 50-50, supongo que nosotros lo hemos partido en dos por que es mas fácil de seguir y de entender así...
- Cierto... Cierto...
- ¿Por qué las preguntas tan.... tan... religiosas?
- ¿Te incomoda?
- No, pero... ¿es importante?
- Podría serlo.. - Sam se levanta, parece mas alto, aún mas severo. Aún mas diferente. - ¿Crees que pueda haber un "apocalipsis"?
- No sé. Podría suceder, como también es factible que nos trague un hoyo negro, ¿no es así?
- Quizá.... Imagínate que Dios es un programador, ¿si?
. ...Ok... ¿te sientes bien? - Ella siente una renovada ansiedad cuando Sam se desabrocha la camisa lentamente.
- Perfecto. Ahora imagina que la sociedad humana es una versión inicial de un programa, donde pone a funcionar un número brutal de posibilidades de genes y personalidades, de circunstancias y ambientes.
- ¿Y por que sería una versión inicial...? ¿Porqué no una versión definitiva?
- Por que en un numero tan inimaginable de posibilidades ni él puede predecir que pasará con estos entes con voluntad propia. - Sam se para frente a ella quitándose la camisa.
-Sam... yo no...
- Shhh... dejame terminar. Ahora, que tal si esta versión de la sociedad humana es solo una prueba para ver que entes pasarán a la siguente etapa del experimento. Que les permite regresar, para darles mas oportunidades para perfeccionarse entre que llega la decición final, el juicio final... y mientras tanto les da herramientas, ¿si? - él hace una pausa para mirarla hacerse mas y mas pequeña con el vaso de vino en la mano, Sam lo toma y el vaso estalla en su mano. Irina permanece inmovil, con hilitos de sangre manando de diferentes sitios en su cara donde el vidrio la había cortado. - Les da herramientas para pasar de una etapa del proyecto a otra. Diferentes segun el lugar del planeta dónde se encuentre, el idioma que hable, todo.
- Sam.... no... - susurra Irina con una voz que apenas parece voz, cuando él comienza a desabrocharse los jeans con las manos sangrando por el vaso que acababa de romper. - no.
- Pero debe llegar un momento donde dios quiera detener el experimento, ¿no? cuando ya no pueda sacarle nada nuevo. -Los jeans de Sam caen en el suelo. El cuerpo de Sam no ha dejado de ser deseable desde hace dos noches, aún es firme, aún es lo que la atrajo la otra noche, lo que la había llevado a pasar la noche con él, en un principio, antes que llegaran los maniáticos esos que le practicaron la histerectomía. - Entonces tiene que terminar. Pero antes les dá aún otra oportunidad, les dá un falso profeta.
- El anticristo... - dice ella por lo mas bajo de su aliento, se agita incontroladamente, los ojos grises de Sam la atraviezan hasta la cuadra siguiente.
- Exactamente. Bueno, por ponerlo de alguna manera....
- Samuel... por favor... - suplica ella derramando un par de lagrimas al mirar como descubre su miembro.
- Es Sammael.
- Sa...
- Sammael... siempre fue Sammael, tu mama siempre cometía ese error, te corregía cuando le platicabas que estabas jugando conmigo, ¿te acuerdas? ella siempre pensó que era tu amigo imaginario... - Ella recuerda una conversación relativamente reciente con su mama y sus tías, que cotorreaban de como había crecido ella, de como jugaba sola en un rincon con su amigo imaginario Sam. - Pero siempre fuiste mi favorita.... - Él le acaricia la cara con la mano e Irina se retira con poca fuerza, sin querer, siente el corazon latirle fuerte. - ¿quieres tener mi hijo?
Hay un silencio de dos o tres minutos, tan estáticos que parecen fotografías.
- ¿Quien eres?
- Ya lo sabes, ¿tienes que preguntarlo otra vez?
- No, no quiero ser la madre de tu hijo, no puedo tenerlo, ¿o ya se te olvidó que pasó? ¿de donde venimos?
- No importa, tengo permiso de Él de hacerte un milagrito o dos - Sam se arrodilla y le besa las manos.
- ¿Es lo que él quiere?
- Si.
- Estaría ayudando, ¿cierto?
- Si.
- ¿Crees que lo haré bien?
- Si.
- Está bien...
continuará.....
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