domingo, julio 23, 2006

Besos de Barbie

- ¿No quieres oir en que termina la historia? - Me dijo cuando ya estaba por subirme al camión. No le contesté, creo que ni siquiera voltee a verle.
En realidad ya sé como termina. Como todas las historias, solo se acaban. Lo miro hacerse pequeño, con su rostro sonrojado del coraje: se la volví a hacer, dejarlo hablando solo. Por dos cuadras me pregunto si me la perdonará también hoy, o si tendré que pedirle disculpas, si a pesar de las disculpas no se olvidará otra vez de esto.
Verónica se sube al camión, con su rostro perfecto, la falda tableada, el cabello negro arreglado con extremo cuidado sobre sus hombros. Apartándola de nosotros pobres mortales, es una barbie cualquiera. Cómprese-usese-tirese. Esas son las palabras que vienen a mi mente cada vez que la veo subir. Ninguno de los dos vamos sentados, a esta hora, es imposible encontrar asiento. Es un milagro que estemos dentro del camion y agarrados del tubo en lugar de colgando de la puerta como casi siempre. Rozo a Veronica con el codo, su cara es seria, como concentrandose en seguir como muñeca, ignorando toda la gente que la toca en este momento.
Si me esfuerzo podría acariciar la cadera de Veronica con el dorso de mi mano....
Pero me sorprendo de estar pensando esto. Siempre pensar en tocarla como si al hacerlo pudiera transportarme y convertirme en un ser deshechable como ella. No sé que mundo es mas solitario, si el de ella o el mio.

Pasamos la parada donde queda mi casa. Sin entenderlo, me he propuesto seguir a Veronica. Sus labios tararean alguna canción que por el ruido del camión no puedo reconocer. Los labios de tutsi pop, siempre se ven como si acabara de comer paleta o en llendo un poco mas allá como si acabara de dar una mamada. Supongo que por eso gusta.
"Usese-Tirese". Verónica me ha sorprendido mirándola y me dirige una mueca que me resulta difícil describir, entre confusa y molesta. Le sonrío, pero ya se ha volteado a otra parte.
Ella jala la cuerda que le indica al conductor que debe parar. Justo antes de voltearse, su mano está sobre la mia, me da un ligero apretón contra el tubo de donde me sostengo y baja con prisa.
No atino a bajarme detrás de ella.

Han pasado dos semanas en las que doy la vuelta entera a la ruta del camión, solo para sentir la caricia que me prodiga en silencio Verónica. Mi corazón late fuerte conforme nos acercamos a la parada donde ella se baja. Es lunes, y Verónica lleva una cinta en su cabello, hoy la cinta es azul, combina con el uniforme. Los dos viajamos en silencio uno junto al otro. LLega el momento de separarnos, ella pone su mano sobre la mia como siempre, y jala el cordón del camión; hoy no me suelta al darse la vuelta, me jala con suavidad, puedo ver sus mejillas sonrojadas a pesar de que me está dando la espalda. La sigo torpemente entre la gente del camión.

Caminamos tomados de la mano, como novios, Verónica no me ha volteado a ver nada el día de hoy, solo me guía con la cabeza inclinada sobre las calles ardiéntes de mediodía. Ni los niños juegan afuera con el sol en su zenit, quemandolo todo, reafirmando que es el astro rey. Ella se detiene y se acerca a mi con la actitud de princesa a punto de recompensar una buena acción con un beso, pero al ver mi cara se detiene y continua caminando, jalando mi mano sin fuerza. Y yo, la sigo con curiosidad mas que con cualquier otra cosa.
"Esta vieja está loca", me repito en mi cabeza todo el rato que llevamos caminando. Llegamos a un parque que está en una especie de loma, donde se puede ver toda la colonia. Los juegos están desiertos, las resbaladillas, los columpios y sube-bajas. Sopla un viento que, acorde con el sol, quema, entonces Verónica se detiene bajo la sombra de los árboles.
- Jesus - Le digo sin saber que más decirle. Yo sé que ella es Verónica, es decir en mi escuela es imposible no saber quien es Verónica, pero a Jesus, ¿quien conoce a Jesus?
Ella asiente lentamente.
- Verónica - susurra sin darme la cara. Nos quedamos otro rato en el aire casi radioactivo que mueve sin prisa las hojas de los árboles. Aun tomados de la mano.
- ¿Por qué....?
- Shhh... - ella interrumpe mi pregunta y me abraza sin mirarme la cara, entonces me doy cuenta que ella podría estar abrazando a cualquiera que hubiera estado ahí. Entonces me besa, sin abrir la boca, aún como premio, siento sus labios de tutsipop sobre los míos.

Luego de un rato, de algunos besos secos, se despide, "hasta mañana".
- Hasta mañana, muñeca.
Resulta increíble que bese como una barbie además de verse como tal.

1 comentario:

Anónimo dijo...

cuantos cielos se han perturbado ,
entre las palabras solo quedan
amnecias de besos mutilados
en el atardecer de sus ojos
un rayo de sol
calienta lentamente
su muerte
solo
una gota de agua
moja su piel
resbala por su espalda
y al pasar su cintura
congela.
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