miércoles, noviembre 08, 2006

Besos de Barbie III

Esta mañana la noticia es que Veronica es novia de Gary, el que transfiriron de Austin (el chuco) después de navidad. La ha llevado en el carro a la escuela. Y la noticia en realidad no me pegó sino hasta que Nidia me lo dijo al oído cuando la maestra de español entraba contoneando sus caderas enfundadas en una falda entallada.

Los besos de barbie de Veronica ya no son mios nada más. Me entero en el receso, entre la clase de mate y la de inglés, ella se sonroja cuando Gary le besa los labios brillantes de maquillaje. Me mira por sobre el hombro de él, nunca me había dirigido una mirada dentro de la escuela. Mas tarde, cuando voy a comprarle una soda a Nidia, Verónica me acaricia la espalda al formarse en la fila de la cafe, lo sé por que ya me conzco su manera de tocar mi espalda. Mete su mano en el bolsillo de mi pantalón, pero la aparición de Gary me roba su caricia.

Me quedo en la fila, camuflageandome entre la gente, hasta que mi erección se desaparece. Camino el tramo de ahi al salon por el camino largo intentando sacarme a Verónica de la cabeza. La soda de Nidia le llega tibia. Este no es un buen martes. No estoy de buen humor e ignoro a Nidia al irme de la escuela. Verónica está en la parada de camión, me mira nerviosa, pero la ignoro, quiero que se de cuenta que no la veo, que no me importa que está ahi, que se ve nerviosa. Se para junto a mi y la dejo subirse primero al camión, ella pone su mano sobre la mía como siempre pero me quito.

Llego a la parada de camion que queda mas cerca de mi casa y me bajo. Camino sin voltear atrás pateando piedras, entonces es cuando siento que algo me ahoga. Se que es culpa de Verónica pero no quiero pensar en ella. Me concentro en pensar en la maestra de español pero no me resuelve la falta de aire. Me quedo mirando la sombra que hacen las hojas de los arboles en la puerta de mi casa, como mariposas de luz que adornan. En estos momentos me siento demasiado agotado para buscar la llave en la mochila.

- Caminas a madre. - Me dice la voz de la Barbie que me está quitando el aliento.
- ¿Quieres pasar? - Ella me mira sorprendida de que no le esté gritando o corriendo, supongo. No avanza, no me dice nada. - No hay nadie. - Agrego buscando las llaves, las manos me pesan y no puedo verla directamente, veo sus hermosos zapatos de moda. y sus pantorrillas depiladas.
- Si. - Abro la reja, las dos cerraduras de la puerta principal y la dejo entrar. La obsesiva limpieza de mi madre nunca me había dado alivio al ver a Barbie dar unos pasos cortos a la sala.
- ¿Quieres agua? - Asiente, le sirvo agua, nos sentamos en silencio en la sala a vernos los pies.
- ¿A que hora viene tu mama?
- Pasadas las siete.
- ¿Y tu papa?
- No tengo papá.
- ¿Hermanos? - niego con la cabeza, me va a preguntar otra cosa, lo sé por como está viendo las figuras de cerámica que mi mamá tiene en un librero.
- ¿Para que veniste, Verónica ? - Su nombre se siente como el café demasiado caliente: delicioso, pero duele mantenerlo en la lengua.
- Yo no... sé que estoy haciendo.
- Mira, mejor vete con Gary, de seguro que si le llamas viene por ti.
- No.
- ¿Traes dinero?¿te presto para el camion?
- No. - Busco en mi pantalón unas monedas, sin mirarla. - No quiero irme, - Dejo de buscar las monedas y la veo: sus labios no brillan como siempre y sus ojos me miran mas ávidos que nunca, me hace sonrojar pero no quiero que ella lo note, tomo el vaso y lo llevo a la cocina para llenarlo otra vez de agua. Ella me sorprende abrazandome por atrás, metiendo su mano otra vez en mi pantalón como en la cafetería. - Yo no... - me susurra provocandome mas. - Gary... no besa bien. Yo quiero estar contigo.
- ¿Y Gary? - Le digo tomandole las manos y volteando a ver sus ojos cristalizados.
- Es para que nadie me pregunte por ti. - Me dice besando mi barbilla. - Siempre esperan que hable de la gente con quien salgo, me gusta estar contigo por que nadie me pregunta por ti, ni me apresuran a que haga lo que ellas tienen demasiado miedo de hacer... - me dice mordisqueandome el cuello acariciandome sobre el pantalón.
- ¿Te estan presionando?
- Si, pero tu no me das miedo.

La tomo de la mano y la conduzco a mi cuarto, viendo como deja su falda a cuadros azules en el piso, y su tanga rosa en la cama.

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