el hambre de sus ojos se come a si misma con ánimos caníbales. Se descuadra con la autoridad que el reino depresivo confiere. Se dobla entre palomas que mueren de hambre, tanta como sus ojos que miran vacío como ella sale por la puerta y regresa sin volver. Se repite entre mundos ensoñados, qué real es, que real es, que reales, entre personas que se desviven entre televisiones y electrónicos.
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