Me recargo en la pared para no caerme e Irina se inclina conmigo, sus labios sin despegarse de mi cuello, haciéndome que me moje aún más. Hemos dejado de intentar abrir la puerta de mi departamento para solo estar aquí, besándonos. La extrañé, la extrañé tanto que estar tan cerca de ella ha extinguido cualquier pensamiento cuerdo. Lo ha llenado de ella y ella es todo lo que quiero ahora.
La puerta se abre, y Joel nos está viendo, pero no importa porque Irina me aprieta contra ella y sus senos se sienten suaves contra mí y sus hombros angostos se agitan con la fuerza con la que me está sosteniendo, como si temiera que él nos fuera a separar.
Su cabeza contra mi pecho, su barbilla encajada entre mis senos y voltea a verlo, por el rabillo del ojo, antes de volver su atención a mi piel. Se lo agradezco, y mis brazos se enredan más en ella.
No dice nada, ninguno de los dos dicen nada. Irina me jala y Joel se hace a un lado para dejarnos pasar, antes de que cierre la puerta mi blusa está en el piso y ella lucha para liberar los tirantes de mi bra de mis brazos. Ella está tan desesperada como yo, y le agradezco que tome el control, que arranque su propia ropa de su cuerpo porque no tengo la coordinación para hacerlo yo.
Cuando me tira en la cama y jala mi ropa interior bajo la falda que llevo, me lastima cuando la avienta sobre su hombro y me abre las piernas, me expone. Cuando se inclina a chupar mi muslo puedo ver a Joel levantando nuestra ropa, colgándola del respaldo del sillón.
Por un momento puedo conservar mi cabeza lo suficiente para notar que él está sonriendo y no molesto. Irina me hace gritar, me muerde fuerte, quizá no lo suficiente para desgarrar mi piel, pero si como para dejarme un cardenal.
En este momento no me importa la quiero toda, la quiero cuando me hiere, cuando mete sus dedos en mi sin preparación con sus uñas largas y filosas, la quiero todita cuando su boca se apropia de la mía y mis manos se aferran a sus senos.
Su cuerpo desnudo se presiona contra el mío y su rodilla se clava en la cama entre mis piernas presionando mi monte de venus con su muslo y mi cadera se mueve sola contra ella mientras nos besamos. Su boca se convierte en el santo grial, en Excalibur, en la lanza del destino… algo tan épico que deberían escribirse canciones y leyendas acerca de ella. De toda ella, de Irina que con su cuerpo completo me traga, me vuelve parte de ella, me aprieta entre sus piernas y me consume.
Despierto sola en la cama y me aterroriza la idea de que ella odie lo que hicimos anoche, me entra el miedo paralizante de que para ella haya sido solo otro error. Me resisto a levantarme a enfrentar a Joel, a afrontar a su ausencia. Pero justo cuando estoy a punto de resignarme oigo la risa, es corta y baja, como si estuviera tratando de no hacer ruido. Es ella. Y él la sigue riéndose también y dice un “Shhh…” quedo después. Nunca los había escuchado reír al mismo tiempo. Y definitivamente nunca juntos.
Al levantarme los veo en la cocina, ella toma café en la barra, trae puesta una camiseta de Joel y él está frente a la estufa, cocinando, al parecer. Me acerco a ellos y puedo ver la curva del trasero de Irina bajo la bastilla de la tela gris, y ella se inclina más sobre la barra, descubriéndose más. Me siento en el banco, junto a ella y me mira, sonriente, casi radiante.
La beso, no como anoche, solamente un besito cariñoso. La sonrisa está de vuelta en su rostro, Joel se voltea cuando ya no escucha a Irina y me sonríe también. Se inclina y me besa, de la misma manera afectuosa. Volteo a ver a Irina, que sigue sonriendo.
El mundo está bien, todo mi mundo está bien. Nunca me había sentido tan poco deprimida, tan poco cansada, tan poco incómoda. Casi como estar feliz.
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Nota del autor:
Alguien se acuerda de esta serie? xD supongo que no, pero pues siempre quise que Irina volviera, ahora está ahi. yay!
1 comentario:
Hola niña, que bueno que nos regales algo de "Angel" Se te extrañaba por aquí.
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