Hoy soy una cantina a medio llenar, con tres putas desvaídas, y unos cuantos parroquianos imprecisos. Los olores de sexo, sudor y borrachos son una aleación que marean en la puerta. Y me desgastan el piso bailando con inapetencia, pasandose las manos por las tetas sintiendo escasos los roces y pobres pasiones, con dificultad manteniendose en movimiento. Como si se resistiera a hacerse de día, por que el sol aparentemente mas brillante, es solamente mas sádico que la luna, que esta noche se oculta de la vista.
Las paredes se deslavan cada minuto mas esperando la mañana que no se decide a llegar. Y el mesero secando vasos lavados a medias detrás de la barra de madera setentera, llena de marcas de vasos, cigarros y peleas. Y las putas no son tristes o alegres, son putas y ya.
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