jueves, febrero 02, 2006

"sugar never tasted so good,
sugar never tasted so good,
sugar never tasted good to me..."
White Stripes, Sugar never tasted so good

"Ya dejalo... " me dice dándome unas palmadas en la cabeza. Al fin y al cabo SOY su perro. Me siento pequeño (a pesar que mido poco menos de 1.90) mientras él se abrocha el ziper del pantalón y sale. La puerta no se azota detrás de él y me da miedo. Estoy J-O-D-I-D-O realmente está encabronado conmigo ésta vez. Me pongo el traje de nuevo y vuelvo a la oficina intentando no estar distraído ni pensar en cómo me iría mas tarde.

No tengo éxito, como me lo hace notar mi compañera, después que intentara yo graparle los dedos al escritorio. Ella intenta ser madre, como muchas mujeres que conozco, ven a alguien en apuros y ellas tienen que sentirse madres, cuidar a quien sea... acepto su abrazo y entierro mi rostro entre sus senos, y no lloro solo espero que ella me retire, sintiendo la tibieza de su pecho rodeando mi cara. Sollozo. Me repliego, mi descaro, me provoca vergüenza. Ella es maternal, y eso me provoca, me olvido de él y la busco, por su cintura, con los labios su oreja. Y ella pasa tan rápido a ser madre, como a ser puta. La deshago en el escritorio y Angel entra, cuando estoy metiendo mi mano en su braga, por debajo de la falda. Mi pene punza contra su pierna un instante antes de que ella salte y se vaya rápidamente.

La cara de él adquiere una tonalidad como de cereza recién sacada del almibar, y ese gesto de sus cejas aparece de nuevo, está planeando algo, y es algo que no me gustará.

"Creo que a tu amiga le gustaría que la invitaras a cenar, ¿no crees Oscar, amor?" Me dice recuperando el control de si mismo al pasar detrás de mi, tocandome como a cualquier pendeja en el antro, metiendole mano no mas por que se puede.
"Si amor. " le susurro. No sé por que, siempre ese tipo de pláticas las susurro, se me figura que cualquiera las puede oír, aunque a ésta hora todos deben de estar comiendo.

Rebecca acepta, ruborizada, confundida, pero con esa sonrisa inconfundible de triunfo que se nos da tan bien a algunos humanos.

Tres horas después la penetro con esa ansiedad de querer meterla toda, y el freno de no querer terminar pronto. Angel ha salido a dar la vuelta, o eso le dijo a Rebecca, en realidad espera para sorprendernos, poder agarrarla con la guardia baja. Me volteo boca arriba, así, si entra él será ella la que sufra su ira primero. Ella me monta temblorosa, y Angel entra en silencio con las cuerdas de cuero en una mano y con la otra me hace señas para que permanezca quieto. Con dos movimientos precisos, le amarra las manos y la hecha sobre mi. Con su cabello rubio sobre la cara, solo puedo verla cerrar los ojos y sentir como él se abre paso por el hueco que yo no ocupo, ella gime y se retuerce, no en protesta, por el contrario me besa antes de recuperar el ritmo. La agarro por el cabello jalandola con fuerza para ver la cara de Angel que hace honor a su nombre, dirigiendo todo, como siempre.

Angel se sienta en un sillon a vernos jadear en la cama, recuperar el aire, saca algo detrás del sillon que no puedo ver, Rebecca se retuerce aún un poco, la cubro con una cobija, sin desamarrarla aún. Angel me está mirando. Me mira, y sé que quiere que me le acerque, el cuarto de pronto se siente demasiado helado, y parecen 200 pasos en lugar de cinco los que doy para alcanzarlo. Me sigue mirando fijamente hasta que me arrodillo, ella mira desde la cama un poco fastidiada por que no la desatamos. Pero puede esperar, debe esperar su turno. Y es que ya nos complació, ahora debemos ser buenos con él.
Me acaricia la cara, para luego tomar un cigarro con la mano libre, no puedo ver que sujeta con la otra por un lado del sillón, aunque ya lo imagino. Lo enciende y vuelve a acariciarme. Me jala hasta que quedo en la poscición que le apetece: con el trasero desnudo al aire y mi pene contra su pierna. No puedo ver si Rebecca aun mira. Angel descarga tres golpes en mis nalgas con el cepillo, hace una pausa y luego continúa golpeando un poco mas. usa mi espalda como cenicero, siento como queman las cenizas antes de apagarse, Rebecca gime algo que no entiendo, se me está poniendo dura otra vez, y a Angel también, puedo sentirlo contra mi costado.
Sin previo aviso me tira del sillon y se levanta Rebecca se ha dado cuenta que ella sigue y se retuerce para tratar de desamarrarse o levantarse, pero ella no tiene oportunidad con Angel, la aplasta contra el colchón, ella intenta pellizcarle con las manos atadas a la espalda, y él le presiona contra el colchón y le acaricia las nalgas con el miembro. Me acerco a besarla, ella llora. Y eventualmente, cede, le deja entrar. Yo me pongo detrás de él, y le aplasto contra ella me úno a ellos. El me busca retorciéndose.


Angel duerme abrazandola, como cucharas. Los dos se ven tranquilos. Yo tengo que dormir boca abajo. Aún me arden las nalgas.

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