domingo, mayo 03, 2009

Desiree

Desiree se despierta con el calor que le avisa que el sol ya ha recorrido un trecho en el horizonte. Un inespecífico dolor la recorre agudo y ardiente. El malestar la invade tan completamente que desea dormir otras tres horas quizá diez o veinte. A lo lejos escucha los ruidos de mañana, de Lunes, los carros que se apresuran a su destino, que van atrasados, al igual que ella. Tiene pensado llamar a Hilda, reportarse enferma, que mal me cayó la comida, ufff.
Se bañó en la noche al regresar de casa de Elías, por largos minutos talló su cuerpo con jabón y estropajo hasta dejarse roja, hasta que el agua ardiera. Ahora, desea bañarse otra vez, pero parte del malestar es haber tallado tanto. Se incorpora lentamente sintiendo sus músculos replicar cada esfuerzo por moverse. Se toca los labios sensibles extrañando el roce contra la piel de Elías. Ese hijo de la chingada que se había divertido como enano en su cuerpo toda la tarde. Enano sádico lleno de dientes que atinan a lastimar pero no a herir. Sorprendida mira su cuerpo al espejo esperando verse marcas por todo el cuerpo pero solo encontrando un pequeño moretón en el interior de su pierna izquierda.
Llora. Llora con rabia Desiree, que en todas las largas horas que pasó en casa de Elías, no expresó mas que una petición: “en la cara no, por favor”. Se siente con ganas de vomitar pero no tiene nada que devolver pues no ha probado ni siquiera un sorbo de agua desde que terminó la comida el día anterior.
La puerta de la casa se abre y Desiree se estremece en su pijama de una pieza inclinada sobre el retrete, intentando vomitar nada. Escucha su nombre a lo lejos, dulce, tan delicioso como nunca lo había escuchado hasta ayer en la tarde.
Desiree, como plegaria que se resbala por el cuello y se anida bajo los senos. Se estremece. Se da cuenta que no está recordando que realmente oye su nombre. Que Elías ha entrado a la casa y le pide que le indique el camino hacia ella. Decide no ponérsela fácil, que la busque. Pero no tarda mucho en encontrarla, después de todo no es una casa tan grande.
- ¿Qué haces ahí? No me digas que dormiste ahí… - mueve la cabeza a un lado al otro. Le detesta en silencio, negándose a dirigirle la palabra. - Ven, te traje desayuno.
Elías la levanta del piso con poca colaboración de ella. Desiree se encabrona aún mas con él por hacerle eso. No por tratarla como idiota, o como niña. No por sentirse por completo mal a causa de pasar la tarde en su casa. Sino por hacer que se le erizara la piel cuando la toca. El la sienta en la cocina, frente a la mesa y le pone enfrente una bolsa de Burger King y un café que humea.
- ¿No vas a comer conmigo? – Elías le sonríe negando con la cabeza, y le enseña un vaso con café.
- Ya desayuné.
Desiree siente que el malestar subsana mientras la comida caliente le cae al estómago. No es que el cabrón de Elías la haya violentado en extremo, sino que fueron pequeñas agresiones que se repetían. Tampoco era que estuviera enojada con Elías, sino que se odiaba a si misma por haberlo disfrutado tanto.

1 comentario:

Mrs. Walnut dijo...

excelente!

que bueno que vuelves a escribir amiga :D

saludos

lale