Algunas veces se nos fuerzan responsabilidades, nos caen pesadas y las sobrevivimos, quizá por elección propia o hay veces que solo no tenemos opción, hay veces que las responsabilidades se deslizan perezosa, lentamente en nuestras vidas y antes de darnos cuenta las aceptamos como cualquier otro hecho en nuestra vida.
Mi cabello es lacio, mi estatura es promedio, tengo un lunar en la barbilla, el cielo es azul, comer, dormir e ir al baño, no son opcionales; trabajar para obtener dinero tampoco lo es; mandar una parte de mi sueldo a mis padres si es opcional pero no puedo dejar de hacerlo; y cada tarde o noche, antes de ir a dormir, después de salir del trabajo, le tengo a él.
El aire frío en mis mejillas hace que penetre la idea a mi cabeza de que el otoño ha llegado, un poco más rápido de lo que me hubiera gustado. Podría tomar un taxi a casa, podría pedirle a algún compañero de trabajo que me dé un aventón, pero hoy, necesito caminar, pensar en lo que estoy haciendo, dejar que la calle helada y oscura me relaje.
El camino me parece más corto de lo que es, perdida en mis pensamientos. Él ya está esperando en la puerta cuando llego. Me sonríe, tiene una bolsa en la mano, genial, trae la cena. Se lo agradezco profundamente. Comemos en silencio en la barra de la cocina. Sorbiendo traguitos de té de arándano.
Su piel tiene ciertos tonos grises, en la luz mortecina que se cuela por las cortinas.
- Tienes que irte, no puedes quedarte. - El se revuelve en el sillón de una plaza donde se ha quedado dormido, abre los ojos, parece confundido.
- ¿Porqué? No ocupo mucho espacio. - Se estira, su piel que hoy se me antoja gris se asoma entre la presilla del pantalón y el borde de la camisa. Me quedo viéndolo, no sé porqué, no puedo quitarle los ojos de encima.
- No, tienes casa. Ve.
- ¿Puedo darme un baño aunque sea?
- ¿Sales rápido? Tengo que dormir temprano hoy.
- ¿Temprano? ¡Ya son las 3 de la mañana!
- Báñate rápido y vete. - Me pierdo en su cintura mientras se estira una vez más, ahora levantado, dirigiéndose al baño.
- Irina ¿verdad? - No registro lo que me está diciendo hasta un minuto después, finjo demencia.
- ¿Qué?
- Viene Irina, ¿no? - Me levanto y no respondo, me voy a la cama, es el mismo cuarto. Un pequeño departamento donde cocina-sala-recámara están en el mismo cuarto.
- Báñate rápido y vete. - Le repito dejándome caer entre las sábanas revueltas. Él me mira por sobre su hombro, camino al baño.
- ¿Otra vez? ¿Qué tiene? ¿Por qué iba a objetar a tu amigo en el sillón?
- No piensas quedarte en el sillón y lo sabes. - El camina un par de pasos más hasta la puerta del baño.
- En serio, Angel, que tu no aprendes. - Se mete al baño antes que pueda contestarle. Estoy segura que no dije nada pero sé que vocalicé mi frustración. Él ríe desde el baño. Oigo que la ducha se abre.
No me di cuenta cuando me quedé dormida, aunque sí sentí la cama moverse bajo su peso mientras se acomodaba detrás de mí, pasando su mano por mi cintura, no tengo fuerza para protestar, es más fácil solo dejarle, es más cómodo.
- Solo traje comida para ti y para mí, no sabía que ibas a tener compañía - Dice Irina sorbiendo su café, en un vaso desechable que se ve demasiado caro para mi gusto. Él se viste impúdico, desvergonzado frente a ella, frente a nosotras. Yo aún traigo lo que traía puesto ayer. - Cínico - murmura Irina por lo bajo de su aliento.
- No se preocupen por mí, yo tengo que irme ya - él sonríe fresco, como si no notara que Irina le frunce el ceño, ignora el mal humor que emana de ella, me besa la frente antes de salir sin ninguna otra despedida.
- ¿Otra vez? En serio, Angel, que no aprendes. – me dice una vez que él se ha ido.
- Curioso, lo mismo me dijo él de ti.
Ella se marcha después de desayunar, poco ceremonialmente, no me toca, apenas me dirige la palabra, se dispone a besarme la frente antes de irse, pero supongo que recuerda que él ha hecho lo mismo más temprano, se abstiene, murmura algo como “tengo que regresar al trabajo” y se va. Siento el impulso de golpear mi cabeza contra la mesa una y otra vez.
Esta tarde su piel se ve amarillenta, bajo el farol de frente a mi trabajo. Él tiene la gorra casi sobre los ojos y dormita recargado en la pared, camino hacia él cuidando que no pasen carros, le pateo suavemente, solo para despertarlo. Me sonríe levantando mucho la cabeza para alcanzarme a ver por debajo de la visera de su gorra.
- ¿Cómo te fue con la otra? - Me pregunta mientras caminamos hacia mi casa. El sol ya casi está totalmente oculto, y las luces mercuriales están prendiéndose.
- ¿Otra? Solo tengo una, Irina. - Le contesto ajustándome el suéter un poco mejor, protegiéndome no solo del frío sino de su mirada inquisitiva.
- ¿Yo soy el otro? - me pregunta otra vez deteniéndose. Esperando que yo lo jale conmigo, le llame a venir, o algo.
- Solo tengo uno, a ti. - Le digo sin parar de caminar, sin voltear a verlo, hundo mi barbilla en mi pecho, unos pasos más allá me doy cuenta que no me sigue y volteo a buscarle. Ya no está.
Maldigo en mi cabeza. Termino de caminar el tramo que me falta para llegar a la casa. Se siente solo el espacio, mi espacio, la luz alumbra pero no ilumina la perspectiva. Sirvo cereal en un tazón y mientras estoy vertiendo leche tocan mi puerta. Sin mirar quien es, sin esperar, abro, y ahí está él, con una bolsa de pan bajo el brazo. Le doy un beso ligero en la mandíbula y lo hago pasar.
- Te amo - me dice mientras le procuro un vaso de leche que beber con el pan.
- Yo también a ti. - Me mira y parece herido e incrédulo. - te amo, eso no te hace mi dueño o el único amado.
- Eres egoísta - me dice antes de tomar un trago del vaso que le acabo de poner en frente.
- ¿Cuál es el problema si lo soy? - estoy a punto de saltarle, atacarlo, pedirle que se vaya. Pero él no dice nada, se limita a darle una mordida al polvorón que sacó de la bolsa. Es demasiado “hombre” para admitir que lo lastimo.
- ¿Puedo quedarme hoy? - No le digo nada, solo como en silencio mi cereal al otro lado de la mesa. No sé si quiero que se quede.
Cuando vuelve como media hora después trae dos botellas de vino tinto a las cuales ataco sin misericordia y particular alegría, él sonríe complacido, hablamos de estupideces, olvido que estoy molesta con él y sus pataletas de mocoso chiple. A la mitad de la segunda botella él se desliza sobre mí metiendo sus manos por debajo de mi blusa, repasando mis costados. Me mira medio borracho, expectante, supongo que quiere saber si puede seguir, desvío mi mirada, no quiero decidir, él puede decidir por mí.
Deja caer su cabeza sobre mi hombro, siento su respiración junto a mi cuello, levanto los brazos sobre mi cabeza. Repasa sus labios en mi piel, por detrás de mi oreja su nariz soplando aire caliente, me estremezco.
Bajo una pierna del sillón y subo la otra al respaldo para dejar que él esté entre mis piernas. El empuja su cadera y puedo sentir como crece su erección contra mi pierna. Sus labios encuentran mi boca, pero no respondo el beso, no tengo ganas, le dejo que continúe, no le ayudo, me quedo mirando al techo mientras lo siento temblar contra mí.
Se da por vencido al tratar de sacar mi blusa y no coopero. Se deja caer sobre mí respirando pesadamente.
- Haz algo… - me dice con un deje de desesperación. - ¿no quieres?
Le paso las manos por la espalda le acerco más, le repaso la piel de la cara y la oreja con mis labios. Para después empujarlo hasta que no está sobre mí, me levanto, me saco la blusa y el bra con un movimiento, lo veo por encima del hombro y le hago una seña para que me siga a la cama. Se quita la camisa antes de seguirme y me termino de desvestir antes de llegar a donde está la mesa de noche, saco un condón, espero que él llegue hasta donde estoy y me arrodillo, bajo su pantalón para ponérselo.
Desenrollo el condón a lo largo de su pene, penosamente lento, quiero desesperarlo quiero que me tome y deje de pedir permiso, quiero que me desee tanto que duela. Lamo lentamente la piel cubierta de latex, dejando que él vea.
- Ya. Ven acá. - me dice empujando y jalándome de los hombros para levantarme. Se sienta en la cama me espera acariciándose. - Siéntate aquí.
Subo a la cama con cuidado de hacerle sentir mi cuerpo pero sin tocar su erección y él gruñe con desesperación, pero no hace nada más que guiarme a lo que él quiere. Al final termino haciendo sola el trabajo, cogiéndome yo sola, pasando mis manos por mi cuerpo. Él se corre antes que yo, apenas un par de minutos desde que estoy empalada en él.
Perdón, me dice mientras me dejo caer en la cama.
En la mañana al despertarme él ya no está. Me quedo en cama intentando no pensar, al parecer eso es lo único que hago últimamente, tratar de no pensar. Como a eso de las 3 llega Irina, trae comida. ¿Qué pasa con esta gente que quiere alimentarme?
- ¿Joel? - me dice tratando de empatizar conmigo recostándose en la cama junto a mí esforzándose por solo ser compañía y nada más. - Ven, vamos a darnos un baño.
Irina me trata a veces como si fuera una retardada, es reconfortante dejar de tomar decisiones, no pensar, dejarme hacer, que ella diga que hay que hacer y cómo, al contrario de Joel, que siempre espera que yo imponga el ritmo, que yo diga que sigue.
Empuja mi brazo por atrás de mi espalda, inmovilizándome contra la pared, no importa lo que digan, siempre me hace falta alguien con quien pueda perder el control, alguien con quien no decidir sea una opción, alguien que sepa lo que quiere y lo tome... El agua caliente me recorre el cuerpo, me estremezco contra la pared aún fría de la regadera. Irina no es mucho más grande que yo, ni más fuerte, igual me dejo dominar, empuja mi brazo un poco más arriba y duele, sus pechos contra mi espalda me hacen que deje de pensar en ello, estiro mi otro brazo para tocarla, pero pronto me inmoviliza juntando mis muñecas justo debajo de mis omoplatos. Me quejo y ella se ríe, me detiene con una mano mientras con la otra me acaricia la cadera, las nalgas, mete los dedos entre mis piernas apenas rozando mi piel.
Arqueo mi espalda con la esperanza de alargar la caricia, de hacerla completa, pero ella solo se retira. Juega conmigo, me tienta hasta que tiemblo y ruego, me oigo decir “ya... por favor… por favoor… porrr favooorr”. Al carajo la dignidad, el orgullo, la disciplina, el autodominio, al carajo, quiero correrme y quiero correrme ya.
Pero me hace esperar, se comporta deliberadamente lento, aunque ella misma está al borde del orgasmo, lo sé porque sus labios se estremecen ligeramente secos y abiertos.
Irina se viste en la penumbra del cuarto, la única luz prendida es la del baño. Yo la miro de entre mis sábanas, podría vestirme pero no lo haré, hoy dormiré desnuda, imaginando que no duermo sola. Irina no voltea a verme y no me habla hasta que se está volviendo a poner las botas, después de secarse el cabello con cuidado.
- Tengo que ir al DF mañana, no voy a venir hasta pasado el 15…
- Okey.
- Llámame si necesitas algo.
- Sipis.
- Ya no dejes que ese güey se quede aquí.
- ¿Eh? - me siento en la cama en un movimiento, tengo la boca abierta, me doy cuenta de lo estúpida que debo verme, pero Irina no voltea a verme.
- Te amo.
- Yo también te amo. - Irina chasquea la boca antes de levantarse y caminar hacia la puerta reflejando su fastidio en cada uno de sus pasos.
- Pero igual te acuestas con él.
- Eso no significa que no te ame. - “Si te vas a ir vete ya” pienso, pero no digo nada más, ella me mira dándole la espalda a la puerta.
- Paty me invitó a salir - no digo nada, ¿qué hay que decir?, espero que elabore el pensamiento. - ¡Madres! ¡Di algo Angel!
- Diviértete.
Irina sale furiosa por la puerta y la azota antes de irse. Me duermo.
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Me disculpo sinceramente por no escribir bien, pero hey, al menos estoy escribiendo otra vez, y en español xD yo sé que no es muy buen relato, pero tengan paciencia, un día volveré a hacer cosas que al menos me dejen contenta a mi
2 comentarios:
No me gusta que la gente se disculpe por algo que no salio mal, salio bien, me gusta que escribas en español. te quiero amiga
A mi me gusto
Extrañaba poder leer lo que escribes
Tu sabes que tengo muchos años leyéndote e incluso tengo algunos cuentos tuyos en mi colección.
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