lunes, noviembre 02, 2009

Angel 2

Qué hermoso cabrón gris, pienso cuando me distraigo de los papeles que reviso para verle estirarse en mi sofá. La TV está prendida, continúo revisando las hojas haciendo correcciones con lápiz, digitando en la calculadora, intento concentrarme. Joel ha estado alternadamente dormido y despierto durante toda la tarde. La noche empieza a alcanzarnos cuando decido que eso que pesa en mi pecho no es temor a que se quede, si no a que se vaya; también decido que ya será imposible concentrarme un segundo más en esto si su piel sigue saludándome alegre y grisácea por entre su camisa y su pantalón.

- Joel - le llamo pero no me hace caso, se desliza de la consciencia al ensueño de nuevo. - Joel…

- ¿Mmhh? - No voltea a verme pero despierta, fijando sus ojos de nuevo en la televisión.

- Joel. – vuelve a hacer un sonido de reconocimiento de mi vos, aunque sin comprometerse demasiado en iniciar una conversación.

Me levanto, camino hacia él y me tiendo sobre su cuerpo tibio, automáticamente pasa sus manos por mi cintura. Lo beso lento dejando que sus labios me engullan, empujo mi cadera para estar sobre la suya, resbalo mi boca por su mejilla y quijada, muerdo con suavidad su cuello. Su miembro se siente duro y sus manos comienzan a ser mas proactivas en mi cuerpo, un poco temblorosas y deseosas, encuentran mis nalgas y me aprieta contra sí mismo.

Me saca la blusa para lamer mis senos sobre el bra. Explora la piel de mi trasero metiendo su mano dentro de mi pantalón. Yo beso su pecho mientras le quito la camisa que obedientemente me ha ayudado a sacar. Me siento tibia y mojada. Al llegar a la piel de su estomago le raspo con ternura la piel con mis dientes, el sabor metálico y a sal inunda mi lengua, él se tensa, su respiración es entrecortada. Su cadera se empuja contra mi cuando paso mi mano sobre su erección cubierta de ropa, se estremece mientras deshago su botón y deslizo su zipper para abrirlo. Con la punta de mi lengua exploro la franja de piel justo al borde de su bóxer al que luego jalo solo lo suficiente para descubrir la cabeza de su pene. Le rozo con mis labios, después con mi lengua, sus dedos se enredan en mi cabello.

Joel levanta su cadera para poder empujar pantalón y bóxer fuera del camino, yo lengüeteo en pequeños y rápidos movimientos la extensión de piel recién descubierta y él gruñe con frustración. Bajo mis piernas del sillón y me arrodillo junto a él, tomo su pene con una mano y guío a mi boca. Él se incorpora sobre sus hombros para poder ver lo que estoy haciendo. Me voy deshaciendo del resto de mi ropa sin dejar de atender su miembro.

Succiono, muevo mi lengua sobre la piel, mi mano deslizándose por sus testículos, hacia el perineo y de vuelta a su pene. Mi otra mano explora mi entrepierna que comienza a punzar. Sus manos empujan y jalan mi cabeza al ritmo que él me desea. Un poco mas y me detiene, me separa de su pene y me mira, debo tener los labios hinchados e irritados, sus ojos parecen desenfocados, baja las piernas del sillón sentándose y jala mi brazo, el que no está aún aferrado a su miembro, el que tengo entre las piernas, hasta que mi mano está frente su rostro y lame mis dedos con cuidado, algo en mi vientre da un salto.

Se arrodilla junto a mí quitándose por completo el pantalón, extrayendo en el proceso un preservativo, me guía para que ponga mis codos sobre el asiento del sillón y me separa las piernas con su rodilla, mientras se acomoda justo detrás de mío, preparándose para penetrarme. Se deja entrar en mí sin pedir permiso y sin esperarse, empieza a moverse. Un par de minutos después se corre.

Mi corazón está a punto de saltarme por la boca y dejarme muerta de frustración, pero él mueve su mano y la aprieta contra mi pubis, mi cadera salta como si tuviera voluntad propia apretándose contra sus dedos. Desliza su pene fuera de mi y se sustituye con sus dedos índice y medio, su pulgar acaricia mi culo amenazando con dejarse entrar sin permiso. Grito, suspiro, gimo, me corro apretando el sofá con ganas, con todo mi cuerpo temblando. No sé quien le enseñó a hacer esto a Joel pero se lo agradezco en los minutos que tardo en sentirme regresar a la conciencia, él muerde mi hombro con ternura, y da similares mordidas suaves en su camino a mi oreja donde deposita varios “te amo” sin dejar de tocarme de voltear mi cuerpo hacia él para abrazarme y besar mis labios meter su lengua entre mis dientes.

Apenas registro el sonido de la puerta que se abre. Irina produce un sonido, no sé si dijo algo pero puedo entender que está furiosa y frustrada, pero no se mueve de el marco de la puerta, aún sostiene la perilla entre los dedos de una mano mientras con la otra, aprieta los cordones de una bolsa de regalo, sus nudillos están blancos. Me levanto y camino hacia ella. Puedo sentir que Joel lanza un puñetazo contra el sillón. Irina se mueve lento indicando que se va a ir, pero como esperando que la siga, que la detenga. Veo la manga de un vestido que usé el martes asomándose desde el bote de ropa sucia y lo saco, me lo pongo lo más rápido que puedo y salgo de mi departamento tras ella, la alcanzo en las escaleras al final del pasillo, se deja caer en el primer escalón aún tiene apretada la bolsa de regalo en su mano. Me siento junto a ella buscando que su mirada se fije en mí, pero se esconde tras su flequillo volteando su cara hacia la pared, solloza, paso mi mano por su cintura acercándola a mí y ella se estremece.

- Perdón - me dice limpiando su cara con una mano. - No sabía que iba a viajar hoy, solo quería verte…

- No tienes por qué pedir perdón, sabes que me encanta que vengas.

- Joel…

- ¿Mmh? - trato de no comprometer mi respuesta, maldigo en mi cabeza, maldigo éste momento y la situación en la que me encuentro.

- Joel, - vuelve a decir - ¿Cuánto tiempo tiene quedándose aquí?

- Se quedó un par de días la semana pasada y hoy iba a quedarse, pero supongo que ahora querrá irse. - Le respondo y maldigo mi sinceridad, la siento relajarse contra mi cuerpo, sus nudillos ya no están blanquecinos sobre las cuerdas de la bolsa de regalo. - ¿Quieres pasar? ¿Ya cenaste? ¿Tienes hambre? ¿Quieres que pidamos algo? Nosotros aún no cenamos…

Esto es tan inusual que duele. Joel e Irina, sentados delante y detrás de la barra en mi cocina, yo a un lado, en la cabecera. Ella empuja la comida con los palillos con torpeza, él es más hábil con este tipo de cubiertos, varios contenedores de comida china se enfrían entre ellos, intercambian información acerca del D.F. de sus trabajos, del clima, de nada. Me resulta tan extraño que de pronto quiero que se vayan, no verlos, no sentirlos cerca, no oír sus voces.

Irina me besa en cuanto la puerta del baño se cierra tras Joel y se separa de mí en cuanto oye el agua del lavabo correr mientras él se lava las manos. Me siento estúpida e inadecuada, como cuando tenía quince años, robando besos cuando el adulto sale del cuarto. Joel no se ha dado cuenta, o quizá solo pretende no darse cuenta, toma el control remoto y vuelve a poner en marcha el DVD. El resto de la película lo miramos en silencio.

Y todo concluye en la cama, en ropa interior, sin deseo, sin toques indiscretos, solo con cansancio y sueño.

- ¿No me vas a preguntar? - Dice Irina quedo, casi en mi oído.

- ¿Eh?

- Sobre Paty. - Recuerdo que dijo algo sobre ella antes de irse, pero, ¿Qué puedo preguntar si no me interesa saber?

- ¿Qué pasó con Paty? - Mi corazón late fuerte, quisiera que no hiciéramos esto frente a Joel, deseo que esté dormido pero sé que no lo está.

- Lo que tenía que pasar. - Me doy cuenta que mi elección de palabras para formular la pregunta no fue la más afortunada. Joel voltea a verme bajo la poca luz que entra por entre las persianas.

- ¿Te divertiste? - Si realmente, en verdad, fuera absolutamente indispensable tener que sostener este tipo de conversaciones, ¿no podría haber sido sin Joel presente? Siento que en este momento la situación le divierte, le hiere e intriga, enreda sus dedos con mi mano, la que le queda más cercana, es discreto, tiene cuidado de que Irina no se percate.

- Si. - Contesta ella en un susurro, pero no siento que sea sincera, quizá solo quiero que no lo sea.

- Me alegro. - Siento que se hunde más en la cama, como si la decepción le adicionara peso. Tomo su mano con la mía, la que no tiene él. Beso los dedos de ella primero y luego los de él.

Irina se estremece, está llorando. Al contrario de lo que se pueda pensar, no me gusta herirlos más de lo necesario. No, esto no es correcto, ni cierto, no me gusta lastimarlos y punto. Por eso intento que no se encuentren, porque sé cómo se sienten cada vez que esto pasa; tampoco les miento, intento ser sincera sin entrar en detalles que pueden ser dañinos o indeseados; y por esta razón siempre intento estar para ellos y no sólo con ellos.

Irina está dolida y sé que Joel está a punto de salir herido también cuando suelto su mano para tocar la mejilla de ella, pero desisto a medio camino me desenredo de la mano de ella también y me levanto de la cama, prendo las luces y voy hacia la cocina, abro varias alacenas hasta que la encuentro, media botella de tequila, empiezo a buscar un vaso en que servirme pero al final decido tomar de la botella.

Joel se ha incorporado en la cama, su mirada baila triste entre mi cuerpo y el de la mujer que solloza junto a él, con la cara enterrada en mi almohada. Él es quien la consuela, su mano cálida le acaricia el cabello. Yo misma tengo ganas de llorar. Tomo otro sorbo de alcohol y me devuelvo a la cama, les separo y obligo a Irina a sentarse, con cariño le limpio las lágrimas y le separo de la piel los mechones húmedos que se han quedado pegados a su cara, empino la botella en su boca sin preguntarle si quiere, la obligo a tomar un trago.

Joel mira al vacío, tiene su boca abierta y sus manos recogidas sobre su regazo, un cabrón seco, pienso, le extiendo la botella de tequila pero me rechaza con una seña. “Vas a tomar, y vas a quitar esos ojos de ardilla atropellada, vas a seguir callado” pienso enojándome. Él debe haber visto algo de esto en mi mirada por que toma la botella entre sus dedos y la empina en su boca tragando una generosa cantidad de líquido. Vuelvo mi mirada hacia Irina de nuevo, le sigo acariciando el cabello y las orejas.

- Te amo. - Por el rabillo del ojo percibo que Joel se ha tomado un trago mas. - Sé que no es suficiente para ti, pero no llores, ¿sí?

- Sería suficiente, si fuera cierto. - Me siento que el aire me deja, como si me hubieran dado un puñetazo al estómago, tomo la botella de entre los dedos de Joel y él se estremece alejando su mano de la mía. Él se ve estupefacto, inseguro, quizá un poco asqueado y herido. Estoy frustrada, realmente frustrada y encabronada. Bebo más tequila.

- ¿Saben qué? - Les digo sin gritar, levantándome de la cama y empezando a recolectar la ropa de ellos que está regada por todo el cuarto. - Estoy harta de ustedes dos y su apuro por poseerme. - Ahora me miran con los ojos muy abiertos e incrédulos, creo que he empezado a gritar y ellos aún dudan de mí, me encabrono más. - Ya me cagaron sus lágrimas y lástimas. Váyanse, por favor, váyanse ya. Vuelvan cuando estén resignados a amarme y no poseerme, no soy una cosa, chingada-madre. Si digo te amo es porque en realidad lo siento y estoy realmente cansada de que se me llame mentirosa cuando no he sido otra cosa que sincera y honesta con los dos. ¡Fuera! ¡Largo!